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Testear es poner en práctica alguna actividad o producto que queremos lanzar, antes de hacerlo, evitando así los riesgos relacionados. Se trata de una prueba  que nos ayudará a comprobar la calidad, eficiencia y aceptación en el mercado de nuestro producto. De esta forma, cuando decidamos lanzar nuestro producto, estaremos seguros de que lanzamos la mejor versión posible. 

 Pero ¿qué pasa si lo que queremos testear es un servicio y no un producto?

Es más sencillo testear un producto que un servicio, por su carácter tangible. No obstante, esto no quiere decir que no podamos testear un servicio. Existen varias técnicas para ello.

Por ejemplo, una de las técnicas más conocidas para testear un servicio es el concierge MVP. Antes de lanzar nuestro servicio digital, empezamos con el mismo servicio pero 100% manual. En lugar de complicados algoritmos y tecnología para llevar a cabo el proceso, se realizará manualmente, aunque el cliente tendrá que pasar por los mismo pasos que pasaría si fuera el producto final. 

Esto nos resulta útil para conocer los comportamientos del consumidor, y establecer hipótesis para averiguar cuáles son las características esenciales del producto y cuáles son Nice-have.

También podemos elaborar el Wizard of Oz MVP: en apariencia parece el producto de trabajo real, pero realizamos manualmente las funciones del producto. También se conoce como Flinstoning. El cliente nunca sospechará que no hemos gastado ni un euro en programación ya que, para que el testeo pueda aportarnos información, el servicio MVP tiene que tener los mismos pasos que tendía el online.

Otra de las técnicas de testeo es Mechanical Turk. Es muy probable que podamos imitar el “motor detrás de las cámaras”. El cliente puede tardar más en recibir una respuesta, pero con esta técnica evitamos invertir tiempo y recursos en características que el cliente no necesita. Esta técnica es muy útil para centros de soporte, por ejemplo.

La cuarta técnica de testeo de servicios de la que os queremos hablar en este post es el Imposter Judo. Es válida cuando ya existen ideas similares en el mercado; podemos utilizar estas ideas como una manera muy rápida y sencilla de obtener feedback pidiendo a nuestros clientes la opinión sobre un servicio de la competencia.

Dry-Wallet es otra técnica útil para testear la intención de compra. Podemos desarrollar un botón simulado de “comprar ahora” para testear el interés en nuestro servicio. Esta opción puede combinarse con otras como un vídeo trailer donde se muestre el flujo real de alguien usando nuestro servicio, de forma simulada, como si fuese una película.

Ya te hemos enseñado algunas técnicas de testeo de servicios. Ahora es el momento de que escojas la que más se adecue a tu servicio y la pongas en práctica. Estaremos encantados de oír tu experiencia.