Qué es el design thinking

El design thinking es una metodología para generar innovación. El “pensamiento de diseño” no es más que afrontar retos tal y como lo haría un diseñador. Alrededor de esta idea se ha desarrollado toda una escuela, iniciada en California en la Universidad Standford y la consultora IDEO, y extendida con aplicaciones prácticas y de éxito en todo el mundo. Por este motivo, el design thinking ha ido ganando popularidad y cada vez más empresas se suman a utilizar este tipo de métodos y consiguiendo resultados. Se basa en tres pilares básicos: empatía, trabajo en equipo y prototipos.

Cómo puede ayudar a tu empresa

Y estarás pensando, ¿en qué puede ayudarme a mí? Sobre todo si no eres una start-up y no estás en un departamento de I+D, o desarrollando ideas de negocio que requieran innovación, y no tienes una gran estructura.

Pero la innovación puede entenderse de muchas formas. Y lejos de lo que puedas llegar a pensar, en la mayoría de casos no es necesaria una gran inversión de recursos solo al alcance de grandes compañías. Innovar no se trata solo de desarrollar ideas de negocio nuevas, sino también mejorar procesos existentes, relación con el cliente y estrategias de comunicación.

El proceso de design thinking se estructura en 5 fases

Empatía. Entender al usuario. Dejar de pensar que tu público son mujeres o hombres de entre 30 y 40 años de clase media y residentes en Barcelona. Las personas somos mucho más que números. Y se ha demostrado que estudiar las variables cualitativas de tu cliente objetivo puede ayudarte a comunicarte con él de forma mucho más directa y, como consecuencia, aumentar ventas.

Definir retos. Suena fácil pero a veces no lo es. Muchas empresas se marcan objetivos irreales, sin tener en cuenta su entorno, o las necesidades reales del usuario. Llegar a una determinada cifra de ventas puede ser un objetivo muy simplista cuando se trata de una empresa.

Idear. O lo que nosotros llamamos: trabajo en equipo. En las herramientas de design thinking, es habitual que participen personas de distintos departamentos e incluso de fuera de la empresa. Esto da una visión mucho más rica al tratar de acercarse a cualquier reto.

Prototipar y testear. Las dos últimas fases del proceso. Cualquier idea debe ponerse en práctica antes de asumirse como correcta. Esto implica hacer pequeñas pruebas antes de lanzarse al vacío.

En definitiva, design thinking no es solo para grandes proyectos de innovación en grandes empresas. Realizar mejoras en un servicio, conocer el mercado, empatizar con el cliente potencial, es algo que está al alcance de todo el mundo y que siempre resulta útil.

Las metodologías de design thinking pueden ayudarte a mejorar tu marca, incrementar la satisfacción del cliente y subir ventas. Solo con acciones diferentes podemos conseguir resultados diferentes. Y el design thinking nos da las herramientas para, sin más tecnología que unos cuantos post-its, salirnos de lo establecido y crear acciones que generan un impacto real en la empresa, en el equipo y, por supuesto, en ingresos.

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